viernes, 17 de febrero de 2012

No le temo a la muerte, la espero

Mis pensamientos y mis emociones son un toberllino que me envuelven, me agitan y me agotan.
Ideas y  sentimientos se cruzan, se contradicen, se mezclan.
Cuando la energía de mi cuerpo se siente agotada, quedo inmóvil y deseo la muerte.

Osho dice, en su libro "El libro de la vida y la muerte", que hay que ver la muerte como una amiga, como una puerta que atravesamos, que está al extremo de la puerta de la vida, que cruzamos al nacer. También afirma que las personas que temen a la muerte o que no quieren morir, son aquellas que tienen apegos o que consideran que tienen "cosas" pendientes, por eso se aferran a la vida. Así mismo nos propone preguntarnos qué sentido le damos a la muerte, qué pensamos de ella, del concepto que tengamos sobre la muerte depende el sentido que le demos a nuestra vida.

Desde que yo recuerdo, no sé si desde mi infancia o adolescencia, pensaba que después de la muerte no hay nada. Que con la muerte llega la paz, el descanso eterno. Por eso la deseo, quiero paz y descanso: dejar de pensar y dejar de sentir.

Luego me enseñaron la doctrina cristiana. Conocí a Jesús. En la Biblia leí que la persona que quiere descanso eterno debe llevar una vida buena. Seguir a Cristo, amar, perdonar, vivir como Cristo lo hizo. Debemos olvidarnos a nosotros mismos, que no significa no amarnos, sino dejar de ser egoístas y pensar en los demás. Amar a Dios, sobre todas las cosas y a tu projimo como a tí mismo.

Para mi es fácil amar a los demás, porque Jesús está en mi corazón y es su amor el que irradia. Pero en el afán de dejar mi egoísmo y abandonarme a mí misma, olvidé aprender a amarme y valorarme. Por eso no creo que pueda amar verdaderamente a los otros. No sé amar. El amor bueno y puro que siento por las personas, la creación de Dios y sobre todo por los niños, es un amor que nace en mi corazón y lo siento porque está ahí, porque ahí habita y ese Amor para mi es Dios, es Jesús. Muchas veces lo callo o lo oculto con una montaña de sentimientos negativos: celos, odio, rencor, rabia, ira, obsesiones y más resentimiento.

¿Pero por qué no puedo amarme sanamente a mí misma? ¿Por qué me vuelvo egoísta, obsesiva y autodestructiva?

Cuando tantos pensamientos y sentimientos negativos llenan mi alma, mi mente y mi corazón, mi cuerpo se agota y sin fuerzas, deseo la muerte.

Me preguntan ¿por qué vas a misa, si sos tan mala? Cuando la rabia, el resentimiento, la intolerancia y la impotencia me hacen estallar en crisis de gritos, llantos, histeria, insultos y violencia. Ellos no entienden que cuando voy a misa, el Amor de Dios vuelve a irradiar en mi corazón, que aceptar a Jesús y comulgar, me calma, me apacigua, me da paz y echa de mi mente, de mi alma y de mi corazón todos los demonios que me causan las crisis.

No quiero atarme a la vida, no quiero tener apegos, no quiero tener pendientes, para morir de una vez. Pero debo admitirlo tengo tanto por aprender, sé que hasta que no logre controlar mis pensamientos, mis emociones y mis acciones, no estoy lista para volver a Dios. Y presiento que Él me quiere buena, por eso me da oportunidad tras oportunidad, me envia mensajes y personas para que me guien, me calmen, me amen. ¡Dios, Dios, cuánto tardaré en aprender!

Pero, hay tantos testimonios de personas que cambiaron de vida porque Dios las bendijo, porque aceptaron a Jesús en su corazón. Y cambiaron su vida entera!!!!! ¿Por qué yo no cambio, así de repente y radicalmente, si tengo que vivir?

Sé que Dios siempre está presente en mi vida, aunque a veces lo alejo, y camino por otros senderos....

Me siento cansada... no le temo a la muerte, la espero.